Dunkerque. Nolan, por favor, quiero más

Qué satisfactorio estar en el cine, viendo una película y sentir (y de qué modo) todo lo que su director quiere que sientas. Todo. Ahora ten compasión, ahora miedo, ahora esperanza… A esto muchos lo llaman “manipulación”, ante lo cual he de decir que ese es un buen motivo para ir al cine. Los hay otros, pero ese es de los mejores.

Nolan hace lo de siempre y sin ocultarlo. Épica a toneladas, perfeccionismo técnico, narrativa no lineal y manipulación emocional. Y para esta tarea su aliado natural es Hans Zimmer. El puto amo Hans Zimmer. Aquí ese viejo matrimonio entre el director inglés y el compositor alemán alcanza sus más altas cumbres. La música de Zimmer es a Dunkerque lo que los aqueos al caballo de madera. El dolor y la furia escondido en el vientre de algo precioso. Lo que de verdad va a destrozarte. Casi dos horas acompañando tus oídos y tu corazón, mientras Nolan se encarga de tus ojos y lo que quede de tu cerebro. Porque insisto, si quieres ver películas que “te hagan pensar” (cosa muy recomendable), compra entradas para otra o lee un buen artículo de Jot Down (cosa también muy recomendable). Esta película es para hacerte sentir. Y no necesariamente bien.

Exhausto me ha dejado. Y agradecido también.

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